The Ninth Gate

The Ninth Gate ★★★★

Antes de arrancar con esta recuperación de 'La novena puerta' convendría dejar claro que, quizás, como adaptación, tenga algunos problemas. Agarra determinados elementos del libro original y deja de lado muchos otros, pero la realización de Roman Polanski y el guion de Enrique Urbizu, John Brownjohn y el propio Polanski la convierten en una pieza que mezcla historia detectivesca y horror de forma intrigante e inteligente.

Dean Corso es un especialista en libros antiguos. Un cliente multimillonario le enseña su última adquisición: Las Nueve Puertas del Reino de las Sombras, un libro para convocar al diablo, cuyo autor acabó en una hoguera de la Inquisición. Y le encarga al experto que coteje el libro con otros dos ejemplares similares, que pertenecen a coleccionistas privados, para comprobar su autenticidad. Lo que parece un encargo sencillo, se convierte en una aventura demoníaca.

El guión -adaptación de la novela El Club Dumas de Arturo Pérez Reverte- ha pasado por distintas manos (desde las de Anthony Shaffer a las de Enrique Urbizu, para acabar en las de Roman Polanski), que reducen la historia a la parte relativa al demonio. ¿Qué le pasa a Polanski, que asegura no creer en el ángel caído, y en cambio lo repite como personaje en varias películas? Misterio. El hecho es que el film deja de lado toda la trama en torno al Club Dumas, que tenía un agradable y añejo sabor a aventura.

La película se beneficia de su tono detectivesco y del aura de veneración con que se trata a los libros. El esfuerzo de producción (con iniciativa y gran parte de capital españoles) se nota: la parte visual cuenta con la fascinante imaginería creada por el director artístico Dean Tavoularis y el de fotografía Darius Khondji; la música de Wojciech Kilar resulta inquietante. Pero la trama se desarrolla con ritmo cansino, moroso en exceso; Johnny Depp está demasiado apagado, y su personaje demuestra poca agilidad mental a la hora de interrogarse por una misteriosa joven que aparece siempre a su lado en los momentos más inesperados. La seducción por lo diabólico no logra entenderse: parece capricho de millonarios sin nada mejor que hacer. Hay algunos momentos brillantes (el delirio demoníaco final de un inspirado Frank Langella).

Sin embargo, libro y película comparten un sentir que los equipara, más allá de puntuales traiciones a la letra: su devoción por los libros como instrumentos de fantasía y poder, artilugios por los que hay quien puede estar dispuesto a matar o a sacrificarlo todo. En el caso de la película de Polanski, por supuesto, todo adquiere una connotación diabólica que está presente en la novela de Pérez-Reverte, aunque con menos carga maligna y más folletinesca.

Hay altibajos de ritmo e interés en 'La novena puerta' que la distancian de ser una película redonda. Y eso aunque su tono juguetón, que no termine de tomarse en serio a sí misma, y que al mismo tiempo sea capaz de lanzar al espectador una atmósfera decididamente maligna, la pone por encima de muchas muestras de cine de horror más prestigiosas de los noventa. Buena parte de la culpa de sus problemas está en un Johnny Depp que, aún lejos de esa capacidad suya de los últimos tiempos de reventar una película con su sola presencia, está infinitamente menos entonado que sus compañeros.