The Lovers on the Bridge

The Lovers on the Bridge ★★★★

De las cuatro películas de Leos Carax tal vez las más conocidas sean Chico conoce chica y Mala sangre. Con Los amantes del Pont-Neuf es posible que Leos Carax haya realizado, si no una obra maestra, quizá sí la de un futuro maestro del séptimo arte. ¡Por fin alguien escribe con lenguaje cinematográfico!

En la consecución de esta deslumbrante magia de color y sonido, creativa, original, desmedida… han colaborado sin duda un magnífico director de fotografía (Jean-Yves Escoffier) y un novedoso y valiente montaje (Nelly Quettier), París y la música, tan variada como bien ensamblada: todo forma una unidad, plena, explosiva, sobrecogedora y tierna, fantástica y vulgar…, en la que hay sitio hasta para el error y lo fallido.

A partir de una experiencia más que humana, en tanto que la electricidad que la enciende es la piedad por el otro, Leos Carax ve su futura obra. Es el amor de misericordia por los miserables, los vagabundos…, entrando de pronto en su noche, sufriendo la angustia de no saber ayudarles en su desamparo.

Este aliento creativo se tradujo en una historia de amor entre dos pordioseros, trágica y hermosa. Alex, un joven vagabundo, borracho, camina de noche, bamboleándose, por el centro de una calle… Michèle, una joven miserable, antes pintora, enferma de los ojos, le mira, le traslada a uno de sus pliegos… Un taxi atropella a Alex… Se encuentran días después en Pont-Neuf… Y la historia sigue en un crescendo trágico y bello. Heridos, capaces de morir de amor, de matarse, de matar, de enloquecer de dolor…, su embrutecerse, su estupidez, su heroísmo.

Más que la anécdota, lo que importa y es cine… es la imagen visual, y su secuencia, y su ruptura, y el encadenamiento con otra, o con el ruido, el rumor, el grito, la música…: las otras palabras de ese otro lenguaje que es el cine.

Los actores son miserables vagabundos, no interpretan disfrazados, hay una verdadera conversión: Carax les contagia su entusiasmo y delirio divinos, sobrecoge su destino oscuro, como la diaria presencia de esos seres humanos en las esquinas de todas las ciudades.

De eso, pero llevado al paroxismo, también habla Los amantes del Pont Neuf. Film megalómano y a veces escorado peligrosamente hacia el exceso, la controvertida aventura de Carax -el fim más caro de la historia francesa- es igualmente deudora de los modos de hacer del cine de los treinta, que privilegió el encierro del estudio frente al aire libre, aunque estuviera hablando de realismo. Pero Carax sabe que, como es obvio, su narración ya no puede ser la misma, de ahí que recargue el film con numerosos símbolos que pretenden dar espesor, a veces irreal, acartonada solemnidad a los amores extraviados de un pordiosero y una mujer condenada a la ceguera. El ojo tachado, ausente de Juliette Binoche es aquí muchos más que una referencia casual, como lo es la cojera de Denis Lavant -el Dasté de Carax-, la visita al Louvre y a Rembrandt o un puente, nada menos que el más emblemático de París, roto y barrado como un amor imposible.