O Fantasma

O Fantasma ★★★★

João Pedro Rodrigues surgió en el cine portugués como el autor de obras LGBT poco ortodoxas. O Fantasma (“The Ghost”) es su primer largometraje de ficción, una historia inquietante y fragmentada que explora varias escapadas sexuales y nocturnas por las oscuras y surrealistas calles de Lisboa.

El impactante inicio de O fantasma anuncia lo que será una constante en los filmes posteriores de Rodrigues. Tanto Odete (2005) como Morrer como um homem (2009) se abren de forma similar: un paisaje cotidiano es devastado por un brusco hachazo que nos obliga a reconsiderar lo que estamos viendo y a reposicionarnos frente al filme. En Odete es la imagen de un beso atravesado por la muerte, la tragedia que se cierne sobre el romanticismo; en Morrer como um homem es la imagen de un filme de guerra transformado en el escenario del encuentro sexual entre dos soldados. Pero mientras Odete y Morrer como um homem se abren a estructuras narrativas más elaboradas, a una mayor mezcolanza de géneros, a historias entrecruzadas y a vínculos más complejos entre los personajes, O fantasma puede definirse como una ópera prima concisa y minimalista: el retrato obsesivo de una conducta obsesiva captado a partir de la íntima relación entre el actor y la cámara en lo que parece ser una apuesta clara por el protagonismo absoluto de Ricardo Meneses (en su primera y única aparición en el cine).

O fantasma parece revisitar el filme de Tourneur para aportar nuevas perspectivas al estudio del deseo. En el filme de Rodrigues la transformación animal ya no responde a una escisión provocada por la represión, sino a una inmersión que lidia abiertamente con la idea de un excedente del deseo que se presenta bajo unas coordenadas visuales muy explícitas. Cuando una noche, durante su ruta, Sérgio conoce a un chico y se obsesiona con él todo el frágil equilibrio que encuentra en sus aventuras anónimas se rompe. Ese deseo que lo gobierna todo y que no encuentra lugar donde ser encajado comienza a devorar al protagonista en una de las más atrevidas y terroríficas derivas hacia el fantástico que nos ha entregado el cine de los últimos años.

Rodrigues define sus obras como “filmes de aventuras donde los personajes tienen que superar obstáculos para seguir su camino, desafiando, para ello, a la muerte y al sufrimiento” (2)↓. Es así como la experiencia trascendental de la película se convierte en el único puente de enganche entre dos imágenes, en el único modo de atravesar el camino que reunirá al personaje con un destino del que no puede escapar. En la imagen final de O fantasma vemos a Sérgio, encuadrado desde el interior de una fábrica, alejándose por un paisaje de deshechos, de lo que sobra, de lo que nadie quiere: cementerio con el que se funde ese animal condenado a vagar por un universo paralelo, anterior y posterior a todo.

Este cierre nos remite al plano final de Centauros del desierto (The searchers, John Ford, 1956) y, releyendo agudamente al director americano, Rodrigues trabaja esta imagen como si de un juego de espejos se tratase, construyéndola también a partir de la variación de la secuencia inicial de su filme. Los elementos son los mismos: el traje de látex, lo humano, lo animal y la puerta como umbral entre ambos. Pero las posiciones y los atributos de las cosas han cambiado, el orden del mundo se ha trastocado y ya nada puede ser como antes.