Tokyo Family

Tokyo Family ★★★★

La recreación que del clásico de Ozu llevó a cabo el veterano Yôji Yamada, a priori toda una temeridad, resultó ser una estupenda adaptación a nuestros días; posiblemente un acontecimiento si no existiese su precedente.
En tiempos de acrobacias formales, Yamada acude al plano estático, de pulcra exactitud en composición y duración, y a las elipsis cargadas de significado, para traernos al Japón del siglo XXI (pre-pandemia deberíamos empezar a añadir) la crónica de las barreras invisibles entre unos padres de avanzada edad y sus atribulados hijos urbanitas.
Creo recordar que Yamada desplaza su cámara en una única ocasión, y para poder reencuadrar en un espacio limitado al hijo menor, no por casualidad el que demuestra menos rigidez de los tres. Casi todo lo demás son cuadros exquisitos al servicio de las palabras y las acciones de los personajes (individuales o simultáneas, como en el mejor John Ford), o bien de sus impresiones subjetivas.
Digo “casi” porque hay alguna excepción: dos planos relacionados con el destino de Tomiko, la madre (su kimono doblado en casa de la hija y su desvanecimiento fuera de encuadre) en los que es Yamada el que decide el punto de vista al anticiparse en ambos casos el acontecimiento que escapa al control de los personajes. 
Detalles de cineasta sabio, a mi juicio.
La otra excepción la representan las imágenes en breve plano general de los espacios urbanos e insulares que acotan, en su inicio y en su conclusión, este cuento sobre la divergencia entre familia y familiaridad.
No es lo que se cuenta. Es cómo se cuenta, ¿no?

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