Logan

Logan ★★★½

Al acabar Logan, con el rótulo del film sobre fondo negro, comienza a sonar The Man Comes Around, la canción que abría el cuarto de los álbumes que Johnny Cash realizó en sus últimos años junto al productor Rick Rubin. Desde su conclusión, no he dejado de asociar este último film del director de Walk The Line con aquel cancionero adusto y hermoso. Como Rubin hizo con el postrero Cash, cuyas últimas interpretaciones quedarían para siempre inmortalizadas con una estremecedora ausencia de artificios, Mangold ha sabido extraer belleza de la decrepitud de dos personajes de ficción que han convivido, con muy desigual fortuna, con el público de multisalas desde que comenzó el presente siglo.
Ha sido gratificante volver a ver personajes sólidos en una película de mutantes Marvel, cosa que no sucedía desde X2: X-Men United o, mejor, desde el Magneto de Matthew Vaughn. La forma con la que Mangold expone el ocaso de Xavier y Logan es, por si solo, un motivo suficiente para tener en muy buena consideración una película que, por otro lado, acentúa la condición de aberraciones que corresponde a las dos anteriores entregas dedicadas a Wolverine.
El resto de aspectos del film son más heterogéneos. Son numerosos los elementos que suman: la violencia explícita y desatada contribuye a darle más empaque al asunto; las referencias más o menos veladas a las calamidades que han conducido a los personajes a su situación de 2029 apuntalan la carga emocional del relato, y los coqueteos con el wéstern (sí, crepuscular, por si el póster no nos lo había dejado ya bien claro) siempre son oportunos. Pero tanto tono solemne y tanta crudeza no consiguen que olvide que aquí también pasan cosas tan terribles como el descubrimiento del más sonrojante found footage en mucho tiempo o una huída/persecución sostenida con una excusa argumental risible.
Pese a esos dislates, Logan no deja de ser notable, y es que hasta Neil Diamond pudo sacar pecho tras pasar por el estudio de Rick Rubin.

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