Eternity

Eternity ★★★★½

“Los dioses están llorando”

Cuando se filma una película donde la gran protagonista es una comunidad indígena, el enfoque de extrañeza ante sus rituales y costumbres suele teñir el tono de la obra, volcando su mirada hacia el exotismo más banal; convirtiéndola más en un documento sobre lo curioso de estas personas que sobre las personas mismas.

Wiñaypacha elude esta mirada para centrarse en una pareja de ancianos, representantes de una cultura indígena enfrentada con la impetuosa fuerza de la naturaleza, mientras sus segundos se agotan en esperas de que su hijo, el heredero y prueba de su existencia, regrese a ellos.

Esta obra empieza desde la ilusionada percepción que fluye en un ritual para traer y bendecir la fertilidad, sin embargo, la cinta mutará progresivamente a la desgracia a medida que el tiempo inalterable e inagotable se extiende en la pantalla.

Justamente, el tiempo es vital para materializar la amenaza que representa el olvido para las comunidades que existen en la ‘marginalidad’. Wiñaypacha exhibe aquello (Individuos, idioma y costumbres) que ahora habitan al borde de la extinción en la ruralidad, un pueblo cuyas semillas se han disipado, brotando desligadas e indiferentes de su tierra, adoptando un nuevo modo de entender la vida, el de “las grandes ciudades”.

Sin piedad, la angustia en esta distancia de identidad, se manifiesta en la naturaleza. El viento desobedece, el camino desolado y el cuerpo desgastado de la pareja comienza a sufrir cada vez más las heridas, incurables ahora por el peso del tiempo. Es tanta la soledad que el día de la celebración de Pachakuti, el año nuevo, asisten tan sólo ellos dos al Cerro Sagrado. Como reflexión final, es pertinente recordar que los días y los espacios dejan de ser sagrados cuando no hay nadie para adorarles.

EnNombreDelCine liked this review